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viernes, 11 de junio de 2010
NACÍ CELESTE!!! ♥ ♥
Si me manda el corazón
Y él nació grande y celeste
Yo se muy bien quien soy
Me conoces y estoy siempre
Yo soy el mismo que vos
Cuando grito soy celeste
miércoles, 9 de junio de 2010
Te queremos ver campeón
Acabo de encontrar esta joya... la garra charrúa, la emoción, cuando todos somos uno.
La verdad es que después de muchos años creo que por fin volvimos a tener una selección como la gente, a estos muchachos sí que les tengo fe. No solo confío en que no vamos a hacer un papelón (razón por la cual no quería que Uruguay clasificara para el Mundial en los dos últimos) sino que creo que podemos cuando menos pasar a octavos... ojalá mi predicción sea cierta y estos muchachos nos hagan sentir orgullosos de ser celestes!!!
La verdad es que después de muchos años creo que por fin volvimos a tener una selección como la gente, a estos muchachos sí que les tengo fe. No solo confío en que no vamos a hacer un papelón (razón por la cual no quería que Uruguay clasificara para el Mundial en los dos últimos) sino que creo que podemos cuando menos pasar a octavos... ojalá mi predicción sea cierta y estos muchachos nos hagan sentir orgullosos de ser celestes!!!
domingo, 6 de junio de 2010
CUANDO LAS MUJERES SE JUNTAN ALREDEDOR DEL FUEGO
Simone Seija Paseyro
Uruguaya – 45 años
Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un exámen, o para cerrar una noche de cine. Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.
Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.
Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.
________________________
Para todas las amigas que dejaron su huella en mí a lo largo de toda la vida, desde mi infancia hasta hoy. A todas y cada una de ustedes las llevo por siempre en mi corazón.
Un beso enorme
Caro
Uruguaya – 45 años
Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un exámen, o para cerrar una noche de cine. Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.
Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.
Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.
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Para todas las amigas que dejaron su huella en mí a lo largo de toda la vida, desde mi infancia hasta hoy. A todas y cada una de ustedes las llevo por siempre en mi corazón.
Un beso enorme
Caro
Eduardo Galeano
[...] EG: Con internet me pasó una cosa muy complicada. Yo como soy prehistórico, en realidad pertenezco a una etapa de la humanidad ya superada, el pre paleolítico y el neolítico, entonces tengo una desconfianza natural a las máquinas. Siempre sospeché de estas máquinas nuevas que aparecían. Las tomaba con pinzas, con mucha desconfianza porque tenía la sospecha de que bebían de noche. Cuando nadie las veía, ellas bebían, se dedicaban al trago fuerte y por eso hacían cosas inexplicables durante el día. Todavía tengo esa sospecha pero ya la he superado bastante. Ahora mi opinión cambió. Incluso hasta escribo a máquina, aunque escribo a mano, soy manual: manuscrito soy, pero después utilizo la computadora. Lo mismo me pasó con internet. Lo veía con mucha desconfianza, pero reconozco que tiene muchas virtudes, aunque mi experiencia personal no es la mejor. Porque en mi larga vida de escritor, los tres artículos que más repercusión tuvieron y por los que me paran en la calle para felicitarme y circulan con mi firma en internet, no son míos. Uno se refiere a “Las cosas viejas”, otro que se llama “Por qué no tengo un DVD”, lo cual es falso porque sí tengo y otro que es “Mi nieta Sofía” y yo no tengo ninguna nieta Sofía. Entonces están estos tres trabajos de enorme éxito y que me felicitan por eso que yo no escribí. Y habiendo escrito tanto, empiezo a deshojar la margarita… me mato, no me mato, me mato, no me mato…
domingo, 06 de junio de 2010, 06:23:29 p.m.
Don Eduardo Galeano
Fuente: Notas de Don Eduardo Galeano
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domingo, 06 de junio de 2010, 06:23:29 p.m.
Don Eduardo Galeano
Fuente: Notas de Don Eduardo Galeano
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sábado, 5 de junio de 2010
HIJOS TRIUNFADORES
Luis Baba Nakao (Marzo de 2007)
Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. En este mundo actual lo determinante para triunfar será el carácter, no solo el conocimiento, como muchos pudiéramos creer. Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de los fracasos un desafío y no una tragedia…, eso será lo que buscarán quienes seleccionan personal. Para los trabajadores independientes será un auto requisito.
Un hijo forjará el carácter si percibe claramente la autoridad de los padres. Con presencia de autoridad, los niños y jóvenes podrán resolver los problemas asertivamente. Sin presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y obrarán por impulsos con los consecuentes problemas de adaptación.
¿Exceso de autoridad? 'Siempre será mejor el exceso de autoridad'. El límite lo pone la siguiente regla: 'No se debe humillar'. Lo que es el niño o el joven hoy será el adulto del mañana en cuanto hay que mirar al hijo como un adulto potencial.
¿Queremos que nuestros hijos no sufran? Entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos evitarles todo sufrimiento. Deben comprender la muerte, los problemas de la vida, las dificultades económicas en casa, los problemas en el trato con sus semejantes. No debemos resolverles todas las dificultades, no debemos darles gusto cuando no hay cómo, hay que ayudarlos a que ellos las resuelvan. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento. Evitándoles el sufrimiento hacemos un daño irreparable. Darles todo los incapacita para luchar por lo que de verdad vale la pena.
Hay que enseñarles a hacer esfuerzos adicionales. Que sepan que siempre se puede un poquito más. Nadie recoge su cosecha sin sembrar muchas semillitas y abonar mucha tierra.
Es muy importante enseñarles a carecer, es decir a 'sentir la falta de'. Hay jóvenes que no juegan su deporte favorito si no tienen tenis de 'marca', hay jóvenes que se resisten aceptar una invitación si no van con vestido nuevo; hay gente joven que no se moviliza a otro lugar si no es en carro o si papá y mamá no los llevan; aunque tengamos para darles 100%, ellos deben saber el valor de las cosas. Si no lo hacen de pequeños, les será muy difícil de adultos y allí sí que van a sufrir y nosotros con ellos. ¿Cómo les enseñamos a carecer? Dándoles un poquito menos de lo que necesitan. Así aprenden a apreciar lo que tienen y a no ser ingratos. Una excelente escuela para aprender a carecer (sin morir en el intento) es la mesa del hogar, la comida. ¿Qué debemos hacer de comer? Lo que nosotros decidamos que es bueno para ellos! Es no sólo por su bien alimenticio, sino que es excelente que aprendan a carecer. 'Mami…no me gustan las lentejas'. Si quieren hacerles un bien para la vida, denles lentejas, no lo cambien por la hamburguesa o la pizza que anhelan. Habrá berrinches, no se exalten (autoridad no es gritar o agredir), que no coma si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡SORPRESA!...Las lentejas de la nevera calentadas!
También hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de trabajo con pocas tareas: tender la cama, ordenar los cuartos, lavar los platos, arreglar la mesa , etc. Hay que educarlos para que realicen las labores de hogar, aunque lo hagan mal al principio. Las escuelas más importantes de liderazgo del mundo enseñan a los jóvenes a carecer y hacer, para que sepan y entiendan el mundo y lo puedan liderar.
Las mesadas deben ser una cantidad fija, mas bien, semanales y algo menos de lo que creen que necesitan. Así aprenden a administrar inteligentemente el dinero.
El respeto por el adulto jamás debe transgredirse. A un padre no se le debe exigir lo que materialmente no puede ofrecer, no se le debe descalificar, menospreciar, burlar ni mucho menos gritar. Un padre jamás debe permitir la subvaloración por parte de su hijo.
Formemos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos.
Que se superen así mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo. También hay que ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no equivale a tener dinero o propiedades. Triunfadores son aquellos que son felices con lo que hacen, con lo que tienen y con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros.
Los hijos con carácter templado, con algunas carencias, educados en el servicio, plenos de amor, con respeto a la autoridad e ilusiones, serán hijos triunfadores.
Los padres tenemos la gran responsabilidad de criar hijos que transformen nuestro país, donde reinen la libertad, la abundancia, la justicia y la felicidad.
Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. En este mundo actual lo determinante para triunfar será el carácter, no solo el conocimiento, como muchos pudiéramos creer. Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de los fracasos un desafío y no una tragedia…, eso será lo que buscarán quienes seleccionan personal. Para los trabajadores independientes será un auto requisito.
Un hijo forjará el carácter si percibe claramente la autoridad de los padres. Con presencia de autoridad, los niños y jóvenes podrán resolver los problemas asertivamente. Sin presencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y obrarán por impulsos con los consecuentes problemas de adaptación.
¿Exceso de autoridad? 'Siempre será mejor el exceso de autoridad'. El límite lo pone la siguiente regla: 'No se debe humillar'. Lo que es el niño o el joven hoy será el adulto del mañana en cuanto hay que mirar al hijo como un adulto potencial.
¿Queremos que nuestros hijos no sufran? Entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos evitarles todo sufrimiento. Deben comprender la muerte, los problemas de la vida, las dificultades económicas en casa, los problemas en el trato con sus semejantes. No debemos resolverles todas las dificultades, no debemos darles gusto cuando no hay cómo, hay que ayudarlos a que ellos las resuelvan. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento. Evitándoles el sufrimiento hacemos un daño irreparable. Darles todo los incapacita para luchar por lo que de verdad vale la pena.
Hay que enseñarles a hacer esfuerzos adicionales. Que sepan que siempre se puede un poquito más. Nadie recoge su cosecha sin sembrar muchas semillitas y abonar mucha tierra.
Es muy importante enseñarles a carecer, es decir a 'sentir la falta de'. Hay jóvenes que no juegan su deporte favorito si no tienen tenis de 'marca', hay jóvenes que se resisten aceptar una invitación si no van con vestido nuevo; hay gente joven que no se moviliza a otro lugar si no es en carro o si papá y mamá no los llevan; aunque tengamos para darles 100%, ellos deben saber el valor de las cosas. Si no lo hacen de pequeños, les será muy difícil de adultos y allí sí que van a sufrir y nosotros con ellos. ¿Cómo les enseñamos a carecer? Dándoles un poquito menos de lo que necesitan. Así aprenden a apreciar lo que tienen y a no ser ingratos. Una excelente escuela para aprender a carecer (sin morir en el intento) es la mesa del hogar, la comida. ¿Qué debemos hacer de comer? Lo que nosotros decidamos que es bueno para ellos! Es no sólo por su bien alimenticio, sino que es excelente que aprendan a carecer. 'Mami…no me gustan las lentejas'. Si quieren hacerles un bien para la vida, denles lentejas, no lo cambien por la hamburguesa o la pizza que anhelan. Habrá berrinches, no se exalten (autoridad no es gritar o agredir), que no coma si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡SORPRESA!...Las lentejas de la nevera calentadas!
También hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de trabajo con pocas tareas: tender la cama, ordenar los cuartos, lavar los platos, arreglar la mesa , etc. Hay que educarlos para que realicen las labores de hogar, aunque lo hagan mal al principio. Las escuelas más importantes de liderazgo del mundo enseñan a los jóvenes a carecer y hacer, para que sepan y entiendan el mundo y lo puedan liderar.
Las mesadas deben ser una cantidad fija, mas bien, semanales y algo menos de lo que creen que necesitan. Así aprenden a administrar inteligentemente el dinero.
El respeto por el adulto jamás debe transgredirse. A un padre no se le debe exigir lo que materialmente no puede ofrecer, no se le debe descalificar, menospreciar, burlar ni mucho menos gritar. Un padre jamás debe permitir la subvaloración por parte de su hijo.
Formemos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos.
Que se superen así mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo. También hay que ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no equivale a tener dinero o propiedades. Triunfadores son aquellos que son felices con lo que hacen, con lo que tienen y con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros.
Los hijos con carácter templado, con algunas carencias, educados en el servicio, plenos de amor, con respeto a la autoridad e ilusiones, serán hijos triunfadores.
Los padres tenemos la gran responsabilidad de criar hijos que transformen nuestro país, donde reinen la libertad, la abundancia, la justicia y la felicidad.
UNA LECCION POR $100
Recientemente le preguntaba al hijo de un amigo que le gustaría ser de mayor.
El respondió que quería ser presidente algún día.
Sus padres, ambos frenteamplistas, estaban presentes y yo continué preguntando: "¿Si algún día llegaras a ser presidente, que sería lo primero que harías?"
El respondió sin vacilar: "Daría alimentos y viviendas a todos los pobres."
Sus padres, orgullosos, pelaron los dientes en una radiante sonrisa: "¡Bravo, que propósito más loable!"
Le dije: "Pero para eso no tienes que esperar a ser presidente. Puedes venir a mi casa y cortar el césped, sacar las malas hierbas y abonar el jardín. Te pagaré 100 pesos por el trabajo, luego te llevaré al supermercado de mi barrio donde siempre hay un mendigo y puedes darle el billete para que se compre comida y empiece a ahorrar para su casa."
El chiquilin pensó durante unos segundos, luego mirándome fijamente a los ojos me preguntó: "¿Y porqué no va el vagabundo a hacer el trabajo y le pagas directamente a él?"
"¡Bienvenido a la oposición!", le contesté.
...Los padres aún no me hablan.
El respondió que quería ser presidente algún día.
Sus padres, ambos frenteamplistas, estaban presentes y yo continué preguntando: "¿Si algún día llegaras a ser presidente, que sería lo primero que harías?"
El respondió sin vacilar: "Daría alimentos y viviendas a todos los pobres."
Sus padres, orgullosos, pelaron los dientes en una radiante sonrisa: "¡Bravo, que propósito más loable!"
Le dije: "Pero para eso no tienes que esperar a ser presidente. Puedes venir a mi casa y cortar el césped, sacar las malas hierbas y abonar el jardín. Te pagaré 100 pesos por el trabajo, luego te llevaré al supermercado de mi barrio donde siempre hay un mendigo y puedes darle el billete para que se compre comida y empiece a ahorrar para su casa."
El chiquilin pensó durante unos segundos, luego mirándome fijamente a los ojos me preguntó: "¿Y porqué no va el vagabundo a hacer el trabajo y le pagas directamente a él?"
"¡Bienvenido a la oposición!", le contesté.
...Los padres aún no me hablan.
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